James Room & Weird Antiqua - Honest Man Blues - Gaua Records (2018)
El segundo trabajo de James Room & Weird Antiqua da lo
que su título promete. Blues.
Si su disco homónimo de presentación, marcaba la senda de un
blues que hundía sus raíces en lo más profundo de la tradición musical
americana, en este su segundo trabajo esa senda se amplía y se convierte en una
auténtica autopista. Por sus carriles podremos realizar un auténtico viaje
sonoro por toda la historia del blues.
La voz profunda, primitiva, cavernaria… pero llena de
matices de James Room confieren a las canciones esa sensación de deja vu, como
si sus melodías estuvieran grabadas desde tiempo ancestral en lo más profundo
de nuestra psique. Pero al igual que detrás de un gran hombre hay una gran
mujer (y viceversa), detrás de una gran voz hay una gran banda (y viceversa). Y
los Weird Antiqua son el hormigón de este edificio. Músicos sólidos que cimientan
con contundencia y elegancia este proyecto pantagruélico, honesto y de germen de
puro blues.
El primer tercio de “Honest Man Blues” nos deleita con un
hard blues desgarrador, lleno de fuzz y mala leche. Cualquiera de los tres
primeros temas sería digno de unos ZZtop puestos hasta las cejas de esteroides.
Un inicio de disco que pisa el acelerador y nos da las dosis más salvajes de
blues de este trabajo.
Con “No More Roses” y “On The Road Back Home” retrocedemos
al blues psicodélico de finales de los 60´, temas que recuerdan la sonoridad de
The Doors. Melodías arrastradas por una lánguida armónica que nos trasladan a
los clásicos desiertos amerícanos, a esos caminos polvorientos que lo mismo nos
llevan a un destino desconocido como de vuelta a ese hogar del que preferiríamos
alejarnos lo máximo posible. La banda sonora ideal para leerse el “Preacher” de
Gaiman.
Y tras la tormenta llega la calma. Y toda oscuridad es
despejada por la luz. El amanecer llega de la mano de “Trust Nobody Blues” y “No
Turst / Run For Your Life”, temas positivistas que invitan a bailar, a soltarse
la melena y darle a los pies una buena dosis de descontrol. Composiciones que rememoran a Van Morrison, instrumentaciones y arreglos para toda una big band
comparables a las de Brian Setzer y la voz trabajando en tonos más medios que recuerdan
a Rob Thomas. Si escuchando estos dos temas eres capaz de mantenerte inmóvil en
el asiento es que claramente careces de alma.
Y si realmente careces de alma, quizá deberías ir a buscarla
hasta el mismo infierno, porque con “Chesire Moon” llegó el desmadre. Blues
gamberro donde el ritmo y los metales llevan la voz cantante y donde puedes
soltar todo el swing que llevas dentro como hicieran a finales de los 70´ John
Belushi y Dan Aykroid.
Como cierre de la parte de estudio llegamos a “Wild Mare”,
tema fronterizo que podría ser perfectamente la banda sonora de una película de
Carpenter. Una de esas películas en la que los malotes son los que molan. Donde
los antihéroes visten con guardapolvos y todo se dirime en un duelo final. Imaginémonos
por un momento ese preenfrentamiento, donde ambos bandos salen a la calle principal
de ese polvoriento pueblo perdido, desolado, y una cámara ultralenta va mostrándonos
la escena. Si eres capaz de visualizar los planos, te invito a continuación a
pinchar este tema. La experiencia es inmejorable.
Para finalizar tenemos “Morning Train”, balada intimista a
piano y cuerdas que es un auténtico punto y aparte. Un colofón final con sabor
diferente. Como los buenos postres.
“Honest Man Blues” es un auténtico alarde de todo lo que son
capaces de dar estos bilbaínos con alma de Nueva Orleans. Una auténtica pica en
Flandes que esperamos marque un ante y un después en la trayectoria de la
formación.

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